lunes, 27 de junio de 2011

Jesús Faría: Un espíritu que no se doblegó jamás


Hace 101 años nació el dirigente revolucionario

En 1947 se convirtió en el primer Senador obrero en la historia del país. Durante la dictadura de Pérez Jiménez estuvo privado de libertad por 8 años y fue bautizado ''el preso del imperialismo''
“Mi línea es la revolución, mi línea no cambia, es hasta la muerte”, con esta afirmación respondió Jesús Faria a la interrogante de un reportero de El Nacional sobre sus planes para el futuro, momentos antes de abordar el avión que lo llevaría al exilio, el 18 de marzo de 1966.


Su expulsión de Venezuela significó el fin del peregrinaje por las cárceles venezolanas de este dirigente obrero, fundador de los primeros sindicatos petroleros en el país y militante comunista por más de 55 años.

“Nunca he sufrido destierro, pero presiento que moralmente me será una pena durísima (…). Si mi salud no estuviera en tan malas condiciones, juraría regresar inmediatamente, a todo riesgo”, dijo en una declaración a la opinión pública.

Fruto legítimo del pueblo y uno de sus más aguerridos combatientes, este proletario iletrado hasta los 27 años, llegó al marxismo en el año 1936, producto de las más crudas experiencias de su niñez cercada por el hambre, el paludismo y la ignorancia, y de su juventud en los campos petroleros del estado Zulia.

Su conciencia de clase la adquirió al calor de la lucha y organizando a sus compañeros obreros.

“El militante revolucionario no puede dejar de ser enemigo de los explotadores y opresores de sus hermanos de clase. Esto está claro para mí”, afirmó.

El 27 de junio de 1910 nació en Borojó, estado Falcón, donde sobrevivió la miseria que aniquilaba por miles a los niños campesinos. A los 14 años comenzó a trabajar en los campos petroleros, conociendo la brutal explotación de las compañías transnacionales.

En 1935, aun analfabeta, participa activamente en la fundación de los primeros sindicatos petroleros, en abierto reto al régimen gomecista.

Fue dirigente de la histórica huelga petrolera del 36-37, primera confrontación del proletariado venezolano con el imperialismo. Después de 45 días de resistencia, López Contreras le pone fin a la huelga mediante un Decreto a favor de las transnacionales.

En 1936 ingresa a una célula clandestina del PCV, todavía Constitución gomecista que declaraba a los comunistas “traidores a la patria”. Allí aprende a leer. Bajo absoluta clandestinidad participa en 1937 en la 1° Conferencia Nacional del PCV junto a figuras como Miguel Otero Silva y Kotepa Delgado, entre otros.

Es encarcelado por primera vez en el año 1937, después de ser electo Diputado a la Asamblea Legislativa del estado Zulia durante el gobierno de López Contreras.

En los años 40 se convirtió en el máximo dirigente del aguerrido movimiento de los obreros petroleros, guiándolo sobre posiciones clasistas, consecuentemente revolucionarias.

Participa en las deliberaciones de la Asamblea Constituyente de 1946, presentando el programa de lucha de la clase obrera venezolana, el cual fue rechazado por la mayoría adeca.

Se convierte en el primer Senador obrero y comunista de la historia del país, en 1947.

En mayo del año 1950 dirige la gran huelga petrolera que hace temblar a la Junta Militar. Es hecho prisionero y pasa 8 años incomunicado, varios de éstos en calabozos para castigados. Se convierte en el preso de mayor duración de la dictadura, siendo bautizado “el preso del imperialismo”.

Durante ese período, recorrió La Modelo, El Obispo, La Penitenciaría General de Venezuela y la cárcel de Ciudad Bolívar.

Durante su cautiverio fue electo Secretario General del PCV, cargo al cual fue reelecto en forma consecutiva a lo largo de 35 años, y fue designado Vicepresidente de la Central de Trabajadores de América Latina (CETAL).

Obtuvo la libertad el 24 de enero de 1958 y fue electo nuevamente al Senado, desde donde lucha por una Constitución sustentada en los intereses populares.

Los comunistas no aprueban la Constitución de 1961 y él advierte que ésta pronto será “desvirgada“. Horas después Betancourt suspende las garantías constitucionales.

Como senador defiende el programa revolucionario del movimiento popular y denuncia la represión adeco-copeyana. En el año 1963 es nuevamente encerrado en prisión junto a otros parlamentaros, después del golpe de Betancourt al Congreso Nacional.

Permanece en prisión hasta el año 1966, cuando es expulsado del país debido a su precario estado de salud. Al salir del país declara: “mi línea es la revolución, mi línea no cambia es hasta la muerte”. En 1968 vuelve del destierro en Moscú y es electo Diputado al Congreso Nacional.

Al inicio de los años 70 combate las desviaciones pequeño-burguesas en el seno del PCV, que dan origen al MAS, encabezado por Pompeyo Márquez y Teodoro Petkoff.
En 1983 es elegido nuevamente Diputado al Congreso Nacional.

En histórico discurso pronunciado con motivo del bicentenario del Libertador Simón Bolívar, Faría expresó:

"Los comunistas, hombres y mujeres de probada abnegación, en nuestra lucha permanente también nos guiaremos siempre por la estela luminosa de nuestro héroe nacional, por su moral cristalina, por su firmeza ejemplar, por su valor personal en el combate. Si podemos cumplir en el futuro con esta obligación patriótica estamos seguros de que nuestra victoria brillará tarde o temprano como brilló la estrella de Bolívar”

Jesús Faría murió el 24 de enero de 1995, después de consagrar su vida a la liberación de la clase obrera, a la lucha antiimperialista, al triunfo de la revolución socialista.

Fue un internacionalista consumado, ideológicamente fundamentado, firmemente, en el leninismo y el bolivarianismo.

En tiempos de lucha irreconciliable en contra de la oligarquía local y los enemigos de la patria, este ejemplo proletario de firmeza política, elevada moral y calidad humana nos llena de optimismo.
Prensa MinCI
http://www.minci.gob.ve/actualidad/2/205847/un_espiritu_que.html