martes, 14 de diciembre de 2010

Omayra muere nuevamente

Es probable que pocos recuerden a Omayra, y su prolongada agonía ante las cámaras de televisión, pero al final encontrarán un relato de José Ignacio Cabrujas que trata de reflejarlo y que gentil y oportunamente me recordó y envio una amiga... ¿cuantas Omayra se necesitan en Venezuela para que el Partido Político Globovisión se preocupa mas por la gente que por los Hoteles de Lujo en Higuerote? ¿cuantas Omayra para que sea mas importante la gente que su enfermo odio de clase?... ¿cuanto silencio e indiferencia de los pocos buenos seres humanos que son opositores en Venezuela se necesita para que mas de 100 mil seres humanos dejen de ser invisibles e insignificantes?.

Este drama humano que nos  arroja a la cara la lluvia, es como un intento de la naturaleza por regurgitar de su padecimiento, 500 años de dominación, ese drama es político, debe ser politizado, y tiene su origen en 500 años en que se ha acorralado, primero a los indios y a los negros y luego a los pobres de todos los tiempos a las tierras mas inhóspitas, a métodos de construcción inseguros, a las laderas de las montañas.
Pero es que además de los 500 años del mas vil saqueo y explotación, ahora nuestra tierra paga los 100 años de la brutal destrucción del medio ambiente, el recalentamiento global, consecuencia del envenenamiento del aire de todos, para asegurar el "progreso" y "felicidad" de unos pocos en los países industrializados.
La próxima vez que alguno de esos pocos buenos seres humanos que son opositores en Venezuela razone que es a Norteamerica que debemos parecernos, ojala se detenga por un momento y piense en que estas personas  hoy víctimas de la lluvia, lo son realmente de 500 años de exclusión y de 100 años de destrucción del medio ambiente... y que ellos son tratados en Venezuela hoy como Omayra en Colombia en su momento, por los medios/partidos políticos de oposición, dando continuidad a una actitud que no es casual, que es la continuidad de la actitud de los muy sensibles y humanos esclavistas y sus servidores, que les conmovía la esclavitud, pero disfrutaban de los esclavos, y en especial de las esclavas, de los muy sensibles capitalistas, que les conmueve la miseria, la pobreza, pero que se hacen ricos mediante la explotación.
Se deben tomar todas las medidas que sean necesarias para superar este drama, pues es la vida y no la propiedad, el primer y mas importante bien de la humanidad, por ello las acciones que se dispone a acometer el Presidente Chávez deben contar con el apoyo de todos, y cada una de estas acciones son una nueva oportunidad para desenmascarar a los explotadores y sus lacayos.

Por una inmediata ley habilitante.
Por un plan de vivienda revolucionario.

Hlvs
Henys

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NUNCA MÁS, OMAYRA
José Ignacio Cabrujas

Llevar hasta cada televisor de Venezuela o Dinamarca, la dolorosa imagen de Omayra, atrapada en el barro, exigió los siguientes pasos:

1) Transportar desde Bogotá hasta Armero: una cámara de televisión, diez rollos de video-tape de una pulgada, una máquina grabadora de video-tape, un equipo de luces de cuarzo con sus correspondientes pantalla reflejo, una consola de audio, un sonidista, un asistente del sonidista, un técnico electricista, dos periodistas, un productor de transmisión.
2) Trasladar en dos vehículos apropiados, todo ese equipo y todo ese personal desde el pantano donde Omayra permanecía atrapada,

3) Ajustar minuciosamente mediante una barra de colores y un osciloscopio, el nivel de video de la cámara hasta conseguir un punto óptimo. 650 componentes de una cámara profesional deben funcionar a la perfección si se quiere obtener la imagen de Omayra que vimos en nuestros televisores. Uno de esos componentes requirió 22 años de paciente y abnegada investigación en laboratorios japoneses.

4) Comprobar, de acuerdo a sensibles indicadores, el nivel de audio. Una reciente estadística demostró que cada cien grabaciones realizadas en exteriores, 23 adolecen de defectos en el registro de audio. Armero es un exterior, y la voz de Omayra, sin embargo, llegó con perfecta nitidez a millones de televisores.

5) Comprobar así mismo, la fidelidad de líneas de imagen, en los cabezales de la grabadora de video-tape. Los inconvenientes más frecuentes suelen ser un exceso de contraste, inestabilidad de las líneas extremas, predominio de un color, saturación, irregularidad focal, nebulosidad por desajustes lumínicos. La figura de Omayra y el color del pantano que la devoraba, se ajustaron perfectamente a las normas de fidelidad.

6) Grabar la imagen y audio de la severa agonía de Omayra con acercamientos ópticos a su rostro. La creación de un zoom electrónico es el resultado de 12 años de empeño tecnológico al más alto nivel. Por eso, los ojos de Omayra, fueron siempre nítidos en la admirable imagen de la televisión colombiana.

7) Transportar los rollos de video-tape, con la imagen de Omayra, hasta una ciudad cercana, dotada de un costoso y complejo equipo de microondas.

8) Transmitir vía microondas, desde esa ciudad, hasta el Centro de Recepción de Bogotá. Una de las más abismales proezas científicas de nuestro tiempo, es la conversión de seiscientas y tantas líneas de video, en impulsos electrónicos capaces de ser interpretados y codificados en un centro de recepción. La celeridad con que llegó hasta nosotros el trance de Omayra permite aseverar que el proceso de microondas no tuvo el menor contratiempo.

9) Reproducir la imagen en una grabadora de video-tape, instalada en un ambiente seco y a la temperatura adecuada. El humo de cigarrillos, por ejemplo, es capaz de alterar y dañar delicadas funciones en una máquina grabadora. Pero, evidentemente, nadie fumó, nadie esparció polvo, nadie agregó humedad en las cercanías. De allí la impecable calidad final a la hora de recoger la figura de Omayra.

10) Enviar a través del master el percance de Omayra hasta un poderoso transmisor capaz de fulminar pájaros cercanos.

11) Transmitir desde la parábola gigante de una estación terrena en Colombia, hasta el satélite adecuado a centenares de kilómetros en el espacio. Puede aseverarse que la parábola gigante y el satélite cambiaron en los años sesenta la historia de las comunicaciones humanas. Por eso, la muerte de Omayra se convirtió en un hecho inmediato, íntimo (todos estuvimos allí), capaz de agobiar el rostro de un zapatero en Milán o de provocar una honda reflexión sobre los contrastes del sub desarrollo a una señora que preparaba el desayuno familiar en Estocolmo.

12) Recibir en nuestras casas este singular acontecimiento a través de una señal captado en una parábola de Estados Unidos y redistribuida al resto del mundo, incluida la estación terrena de Camatagua y el transmisor de CANTV en la Avenida Libertador.
Como se verá, todo funcionó a las mil maravillas. La televisión colombiana cumplió admirablemente un deber de informar y conmover. Un promedio de 1,600 aparatos de las más complicadas tecnologías desempeñaron con habitual precisión, las funciones previstas. El deslumbrante proceso no tuvo ninguna falla.
Pero, al parecer, no había en Colombia, una maldita y miserable bomba de agua, capaz de funcionar y salvar la vida de una bella adolescente llamada Omayra.

En (1): Revista COMUNICACIÓN, Nro 54, Caracas, 1986
En (2): Papeles del II Foro Internacional de Comunicación Social "Comunicación y Violencia", Universidad de Lima, 14-18 sept. de 1987